La reunión del G7 del fin de semana, en Roma, pasó sin gran impacto anticrisis directo. Cierto, llamó a evitar el proteccionismo (tipo Buy American o la propensión francesa cuando se trata de automoviles), a reformar y refinanciar el FMI y suavizó diferencias con China por su política de sostener bajo el yuang. Pero sus esfuerzos anticrisis son del estilo 'cada uno por su lado' observa la agencia AFP y agrega: El G7 pasó la pelota al G20 de abril evitando así tomar decisiones drásticas anticrisis ahora. Por lo menos, los bancos centrales de los países G7 han dado un paso importante: aumentar la cantidad de dinero circulante.
Los países reunidos en el G7 parecen estar más ocupados en defender el libre mercado frente a la crisis que de defenderse contra la crisis misma - aunque paradojalmente, cuando se trata de la economía mundial, el inmovilismo de las negociaciones de la Ronda de Doha plantea muchas interrogantes acerca de lo que quiere decir 'libre mercado' para ellos. El G7 da la impresión de un foro inmovilizado a la defensiva, conservadoramente reacio a tomar arriesgadas decisiones de conjunto. A la espera probablemente, como todo el mundo, de ver qué pasará en la economía norteamericana. O simplemente abriga un imaginario en el cual las crisis siguen una curba de naturaleza ondular y apuesta a que la dinámica genere una onda ascendente en algún momento tras inquieta y resignada espera.
No es fórmula proactiva para detener a tiempo el curso de la crisis.

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